miguel de unamuno: la naturaleza y el progreso
Reproducimos palabras textuales del filósofo y literato Miguel de Unamuno (1864-1936), relacionadas con su admiración por el fenómeno natural. No queremos hacer ningún comentario a las mismas, preferimos que el lector reflexione por sí mismo y saque sus conclusiones. Sólo mencionar que la conciencia ecológica ya existía en 1922, fecha de la publicación del libro donde aparecen sus palabras, “Andanzas y visiones españolas- De vuelta de la cumbre”:
“Vives acaso, lector mío, en un tráfago mundano, entre negocios o diversiones. Escápate cuando puedas a la cumbre, ve a pasar unos días al pie del Aconcagua, donde más alto puedas. Deja de pisar el asfalto de los bulevares. Aprende a desdeñar eso que llamamos civilización, y que rara vez es tal, y a extraer de ella lo que de cultura encierre. Deja la civilización con el ferrocarril, el teléfono, el water-closet y llévate la cultura en el alma. La civilización no es más que una cáscara para proteger las pulpas, el meollo, que es la cultura. Todo ese formidable aparato de invenciones mecánicas acaba de producir una poesía. Cuando haya surgido el poema de la ingeniería moderna puede muy bien hundirse ésta.
Y otra gran lección nos da la cumbre, y es enseñarnos a pasarnos sin comodidades. Nada denuncia tanto la ordinariez de espíritu, la ramplonería y plebeyez de alma como el apego a la comodidad. El señor que no sabe viajar sin almohada y baño es un mentecato. El desprecio a la comodidad es aún una de las evidentes superioridades de los pueblos de casta ibérica. En ninguna parte estalla tan a las claras la ramplonería humana como en la mesa del comedor de un gran hotel.
Allí arriba hay que comer poco y frío, y mojarlo en agua, con agua cristalina del deshielo de los ventisqueros. Si a alguien se le ocurriese allí, en la cumbre, brindar con champaña, se le vendría encima el desprecio silencioso de los riscos. El brindar con champaña es el acto más sociológico, quiero decir, más grotesco que ha podido inventar el hombre enamorado del progreso. Y si el que brinda lo hace estando vestido de frac, ¡qué enormidad de grotesquez! ¿Has visto, lector, nada más bufo que un señor de frac, con su blanca pechera reluciente y acaso un anillo en un dedo, con una copa de champaña en la diestra y brindado?”
Con el objetivo de respetar la idea original de Unamuno, este artículo sólo aparecerá en castellano.


